Un libro, dos hijos muy distintos, y un mes después: cambios reales.
Antes de ser mamá yo creía que las emociones eran cuatro: alegría, tristeza, enojo y miedo. Punto. Y como mamá, durante años me enfoqué en esas — "¿estás triste?", "¿te enojaste?", "¿tienes miedo?". Sentía que iba bien. Que les estaba enseñando a nombrar lo que sentían.
Y entonces, pafff: el golpe que da la maternidad.
Un día apareció la envidia. Otro día la vergüenza. Después los celos. Y yo me quedé en blanco — porque ¿cómo le explicas a un niño de 6, 7 años qué es la envidia cuando ni siquiera yo tenía las palabras claras para nombrarla? Me di cuenta de que el repertorio emocional que yo manejaba era mucho más chico que el que ellos estaban viviendo, y me costaba enfocarlo sin decirle "esto es malo" o clasificarlo como algo que "no debes sentir".
Dos hijos, dos mundos emocionales
Algo que nadie te cuenta de tener dos hijos es lo distintos que pueden ser para vivir y expresar lo que sienten.
Octavio (7 años) es de emociones intensas. Cuando algo lo desborda, entra en un espiral del que le cuesta mucho salir. No habla, no logra contar bien lo qué le pasó, una sensación pasa a una intensidad de emoción grande en cosa de segundos y una francamente se desespera.
Mariano (más chico) en cambio... a Mariano todo le vale madres 😂. Casi nada lo afecta. Pero cuando se enoja, explota como bomba — y en ese minuto imposible sentarte a conversar, menos voy a abrir un libro francamente.
Misma mamá, misma casa, dos caminos completamente distintos para acompañar. Y yo necesitaba una herramienta que sirviera para los dos.
El Emocionómetro del Inspector Drilo
Habíamos traído este libro a la tienda hace unos meses, ustedes me lo habían recomendado hace años muchas veces y bueno dije: me lo pido para tenerlo, a ver si es tan bueno. No es un cuento que se lee de un tirón — es un libro de consulta. Una herramienta a la que puedes recurrir cada vez que aparece una emoción que necesitamos trabajar.
Cada emoción del libro viene con:
- Cómo se siente en el cuerpo, con mucha ilustración visual (corazón rápido, calor en la cara, ganas de gritar, mariposas en la guata...)
- Sus niveles de intensidad (poco, medio, mucho)
- Propuestas concretas para transitarla
Y no solo las clásicas. Trae también las que a mí me agarraron por sorpresa: envidia, vergüenza, celos, sorpresa, asco.
Cómo lo uso con Octavio (mi intenso)
Cuando entra en el espiral y veo que no logra expresar qué le pasa, hago esto:
- Voy a buscar el libro y se lo paso, en 1 ocasión ya me lo trajo él.
- Empezamos por las señales del cuerpo. "¿Te late fuerte el corazón? ¿Sientes calor acá?". Solo con eso ya empieza a calmarse — porque mirar el cuerpo lo saca de la cabeza.
- Identificamos la emoción juntos. "Ah, esto que sientes... mira, se llama frustración."
- Le ponemos un nivel del 1 al 5.
- Y recién ahí podemos hablar de la situación. De qué pasó, qué desencadenó, qué podría haber hecho distinto, repasamos la situación en calma — que lo ayuda a él mucho y a mí también.
Ahora tiene palabras. Y cuando tienes palabras, lo que sientes deja de ser un monstruo gigante adentro y empieza a tener forma.
Cómo lo uso con Mariano (mi pequeña bomba ajajaj)
Con Mariano el camino es al revés. Cuando explota, no hay libro que valga — primero lo contengo, lo distraigo, intento regularlo con presencia.
El libro lo uso después. En la noche, cuando hay un momento de calma. Le digo:
"¿Te acuerdas hoy cuando estabas jugando y te enojaste mucho porque Octavio te quitó el auto, y le pegaste? Mira, eso que sentiste se llama así..."
Y le muestro las ilustraciones — que son perfectas, hacen casi todo el trabajo cuando todavía falta vocabulario. Le enseño ahí mismo qué herramientas hay para tratar el enojo que no sean golpes.
Es educación emocional a destiempo, pero educación al fin.
Un mes después: lo que cambió
No quiero venderte esto como una varita mágica — no lo es. Esto no se da vuelta de un día para otro. Pero con constancia se ven mejoras, y en un mes ya tengo evidencia:
- Mariano: el cambio es notorio. Pega muchísimo menos. Tiene más herramientas, identifica antes que se le viene la rabia, y a veces incluso me pide "necesito un espacio".
- Octavio: ahora puede nombrar lo que siente cuando antes solo lloraba. Tiene un vocabulario emocional mucho más amplio, y eso le da control sobre lo que vive.
Por qué creo que vale la pena tenerlo en casa
Porque las emociones no son cuatro. Son muchas más, y todas merecen ser nombradas — incluso las incómodas, las que dan vergüenza admitir, las que nos dijeron que son "malas".
Porque un libro que sirve para los 2 años y también para los 8 es raro de encontrar.
Porque los días que estás cansada y no se te ocurre cómo manejar la pataleta, abres el libro y ya tienes 5 ideas para probar.
Porque cuando un niño tiene palabras para lo que siente, puede empezar a regularlo. Y eso es un regalo para toda la vida.
Otros libros sobre emociones que también nos han servido
Si el Drilo te llamó la atención, hay otros que en casa hemos usado mucho y que también funcionan para distintos momentos:
- El Día que Mamá se Transformó en Dragón — para cuando la que se desreguló fui yo. Honesto, sin culpa, y un buen puente para conversar después de un grito.
- ¿Qué le Pasa a Gastón? — Gastón cambia de color según cómo se siente. Es interactivo y a Mariano le encantan las ruletas.
- Federico Malas Pulgas — para hablar del enojo desde el humor, sin moralejas pesadas.
- El Robot Perfecto — para el perfeccionismo y el miedo a equivocarse: Roberto aprende que fallar también está bien.
Y si buscas el libro ideal para una emoción o situación puntual, te armé una guía de libros infantiles por tema para encontrarlo más rápido.
👉 Conoce el Emocionómetro del Inspector Drilo
Para mamás que están en el mismo barco. Con cariño,
Mery — Mamá Porqué
