Si alguna vez compraste una lonchera que terminó en la basura al mes, una botella que se rompió al primer golpe o un vasito "anti-derrame" que derramaba todo — esta historia es para ti.
Mamá Porqué nació de esa frustración. No de un plan de negocios ni de una gran inversión. De una mamá embarazada por segunda vez, cansada de gastar plata en productos que prometían mucho y entregaban poco.
Empecé a investigar. Leí reviews de mamás de otros países, pedí muestras, se las pasé a mis hijos a ver qué aguantaban (si sobreviven a ellos, sobreviven a todos), y descubrí que existían productos diseñados de verdad para niños — pensados para manos chicas, materiales seguros, uso diario intenso. No solo con dibujitos bonitos encima.
El problema era que en Chile no se encontraban. Había que pedirlos afuera, pagar envío internacional, esperar semanas y rezar para que la aduana no los retuviera.
Así que decidí traerlos yo.
La primera bodega fue un pequeño espacio en el patio de la casa de nuestros papás. Cristóbal y Mery habilitaron ese rincón para guardar los primeros productos. Ahí empezó todo — apenas 2 meses antes de que naciera mi hijo Mariano.
Hoy más de 15.000 familias en Chile confían en Mamá Porqué para los productos de sus hijos. Pero la forma de trabajar es la misma que desde el día uno: no vendemos nada que no usaríamos con nuestros propios hijos. Probamos todo antes de venderlo. Solo trabajamos con marcas que certifican sus materiales. Y si nos preguntas qué comprar, te respondemos de verdad.
Eso es todo lo que somos — y todo lo que queremos ser.
👉 Lee la historia completa: cómo elegimos cada marca y por qué no vendemos de todo